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Vol. 99. Núm. 8.
Páginas 659-660 (Octubre 2008)
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Páginas 659-660 (Octubre 2008)
RINCÓN DEL ARTE
DOI: 10.1016/S0001-7310(08)74767-7
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Viajar. Es más que ir de un sitio a otro...
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J. Pedraz
Autor para correspondencia
javierpedraz@aedv.es

Correspondencia: Javier Pedraz Muñoz. Servicio de Dermatología. Hospital Clínico Universitario San Carlos. C/ Profesor Martín Lagos, s/n. 28040 Madrid. España.
Servicio de Dermatología. Hospital Clínico Universitario San Carlos. Madrid. España
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Porque viajar es un placer. Poca gente hay a la que no le guste viajar. Viajar significa visitar a tu familia que vive a pocos kilómetros de distancia y viajar significa dar la vuelta al mundo. Pero en el fondo, todo se resume en lo mismo: viajar.

Un ejemplo de los más remotos que se conocen es el de Herodoto, que viajó por el mundo conocido de la época, observando y relatando todo lo que veía. Esto proporcionó a los viajeros y lectores de entonces un tesoro de información geográfica y etimológica. Otro de los atractivos de la antigüedad fueron las siete maravillas; la mayoría fueron destruidas pero mucha gente acudía de todas partes del mundo para contemplarlas. Y después los romanos, la edad media con las cruzadas y el descubrimiento de América. Pero es a Thomas Cook a quien se le atribuye la paternidad del turismo organizado después de fletar un tren con tarifas reducidas de Leicester a Longborough, Inglaterra, para 540 personas que iban a asistir a una convención religiosa. Y es que desde siempre hemos querido viajar…

Pero un viaje no sólo implica ir de un sitio a otro. ¡Es mucho más que eso! Para muchos de nosotros no hay nada más gratificante que planear tu viaje, que pensar a todas horas en él, que dedicarte en cuerpo y alma a la preparación que él necesita. ¡Y por fin, viajar! Y porque es de sobra conocido que la satisfacción radica en conseguir en la medida de lo posible tus expectativas. Y una forma fácil de conseguir satisfacción personal es viajar, ya que fácilmente vas a conseguir tus expectativas: disfrutar del viaje.

Viajando conoces mundo, viajando conoces monumentos, plazas, museos, teatros, parques, jardines; viajar te abre la mente, te abre muchas puertas y te hace ser crítico. En definitiva, viajando te conoces a ti mismo y lo que realmente te gustaría ser, donde te gustaría vivir, donde te gustaría soñar, donde te gustaría hacer realidad tus sueños. Y es que sólo viajando ya se está haciendo realidad uno de tus sueños: viajar.

Pero no sólo importan los días del viaje. En muchas ocasiones, disfrutas mucho más recordando el viaje que cuando estás inmerso en él. ¿Quién no ha invitado alguna vez a un amigo a casa para enseñarle las fotos o el vídeo de algún viaje? Estás disfrutando tanto, estás tan satisfecho que no reparas en los profundos ronquidos de tus (hasta aquel momento) amigos. Y es que tus amigos tienen razón, no es lo mismo viajar que alguien te cuente que ha viajado.

Y hablando de viajar, no hay una especialidad como la Dermatología que te permita tanto soñar. Porque hay pocas especialidades como la nuestra que nos permitan viajar tanto. Con la Dermatología, tanto tú como yo, hemos podido conocer lugares a los que nunca habíamos pensado que podíamos ir. Y esto me recuerda a San Antonio, la pasada Reunión de la Academia Americana; ciudad que se encontraba en el puesto número 300 entre mis preferencias de visita pero que, gracias a la Dermatología, pasó en ese momento al puesto número 1. Es que nunca pensé que con la piel se pudiera llegar tan lejos…

Es muy probable que olvides el mal momento que pasaste al exponer en aquel congreso en Salamanca, pero es aún más probable que recuerdes el buen momento que pasaste en aquel museo de la aviación de Washington. Y todo es porque viajar hace que recuerdes los buenos momentos y olvides los malos ratos.

Y recuerdo las palabras de José Antonio, un antiguo compañero de piso: «Cuando viajo, siento que soy yo». ¡Es verdad! No debemos dejarnos atrapar por la monotonía, por el aburrimiento de hacer siempre lo mismo. Aunque viajaras cien veces al mismo sitio, nunca estarías aburrido. Porque viajar saca lo mejor de ti mismo y tú puedes sacar lo mejor de los demás. Yo cuando viajo siempre estoy contento y seguro que vosotros también. Reconozco que me gusta viajar (por si no ha quedado claro antes) y recuerdo las palabras de mi buen amigo Luis Ríos: «Jo… macho, a veces no sé si eres dermatólogo o trabajas en una agencia de viajes».

El viaje es un arte y el viajero es un artista. No hay nada igual que pueda sacar tus emociones más ocultas y ponerte los pelos «de punta». Porque no todo el mundo viaja igual; algunos viajan solos (y vuelven acompañados), algunos viajan acompañados (y vuelven solos), algunos viajan con amigos, con la pareja, con el tío/a que has conocido en la estación. Algunos tienen unas vivencias, otros tienen otras. Algunos visitan unos lugares, otros visitan otros. Algunos tendrán unos recuerdos, otros tendrán otros. Todo esto hace de viajar un arte: el arte de viajar. Porque viajar es un placer.

La vida es una pasada

Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia.

Francis Bacon

Tengo una amiga muy especial. Y no es precisamente por su belleza o por su simpatía o por su inteligencia, que de todo tiene. Es, sobre todo, por su inmarcesible pasión por la vida. En cada instante encuentra un motivo de felicidad, de agradecimiento, de entrega. Su singular y exclusiva visión de la existencia la convierte en una mujer palpitante y conmovedora, que siempre encuentra un nuevo lugar que reconocer, un reto imposible que superar, un amor distinto que seducir, una alegría constante que repartir. Y todo lo consigue.

«La vida es una pasada», me dice. Y creo que tiene razón. Probablemente nuestro dermatólogo Javier Pedraz podría compartir con mi excitante amiga uno de los placeres más atrevidos de la existencia: la pasión de la conquista. ¿No es acaso eso lo que se busca y se encuentra cuando se viaja? El anhelo por descubrir los paisajes recónditos, los atardeceres somnolientos, los rostros sorprendentes, las costumbres incomprensibles, las comidas ignoradas, los peligros superados, las luchas ganadas… Cada viaje se convierte para el viajero interesado en una gran metáfora de la vida, en un gran espectáculo del que se puede ser protagonista por un rato, como en una obra de teatro de una única representación. Viajar es una forma de vivir muchas vidas, de acumular recuerdos, de crear historias.

Creo además que viajar es un signo de inteligencia. Decía uno de los personajes de Goldoni en su obra Pamela, «el que no sale nunca de su tierra, vive lleno de prejuicios». Y así es. Apertura de mente, adaptación al medio, enriquecimiento del alma en definitiva, es lo que consigue el viajero. Pero no sólo importa lo que se ve, sino los ojos con los que se mira.

Yo animo al doctor Pedraz a seguir viajando. Me sumo a su afición, a su forma especial de cultivar la mente, de llenar de arte y de misterio las pupilas predispuestas. La vida es una pasada, y hay que saberla vivir… viajando, por ejemplo.

Pero si a usted, lector, no le gusta viajar, no se sienta incomprendido. Ya sabe lo que decía Hazlitt: «Me gustaría emplear toda la vida en viajar, si alguien me pudiera prestar una segunda vida para pasarla en casa».

Todo es cuestión de elegir sabiamente. ¿No creen?

A. Guerra

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