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Vol. 92. Núm. 1.
Páginas 53-65 (Enero 2001)
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Vida y obra del doctor Jaume Peyrí i Rocamora (1877-1950)
Proffessor Jaume Peyrí i Rocamora. About his life and his medical and humanistic work (1877-1950)
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Anna Tuneu i Vallsa
a Servicio de Dermatolog??a. Hospital Ar??nzazu. Facultad de Medicina, UPV. San Sebasti??n
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El doctor Jaume Peyrí (Reus, 1877; Barcelona, 1950) fue el primer catedrático de Dermatología y Sifiliografía de la Universidad de Barcelona y el segundo de España. Desempeñó este cargo, junto con la jefatura del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico, entre los años 1915 y 1947, con un breve paréntesis durante la guerra civil. Tanto su obra médica --12 libros y unos 200 artículos-- como su gran actividad --instruyó a más de 5.000 alumnos y atendió a unos 70.000 pacientes-- reflejan su vocación docente, su inteligencia y su capacidad de trabajo. Su proyección internacional, favorecida por el dominio de diversos idiomas, fue notable, lo cual le llevó a ocupar puestos destacados en las sociedades dermatológicas internacionales. Humanista y hombre de amplia cultura, realizó numerosas aportaciones a la historia de la medicina y de la dermatología, así como a la filosofía, la literatura, el teatro, el arte y la política. Catalanista y republicano moderado, defendió el catalán como lengua científica y se mantuvo siempre alejado de la militancia en partidos políticos. Perteneció a numerosas sociedades culturales y científicas, en las que ocupó puestos de responsabilidad, llegando a presidir la Real Academia de Medicina de Barcelona, el Instituto Médico-Farmacéutico de Catalunya, la Societat Catalana de Dermatologia (de la que fue fundador) y la Sección Catalana de la Academia Española de Dermatología.
Palabras clave:
Jaume Peyrí
Cátedra de Dermatología de Barcelona
Hospital Clínico de Barcelona
Comité Internacional de Dermatología
Nacionalismo
Humanismo
Real Academia de Medicina de Barcelona
Jaume Peyrí (Reus, 1877; Barcelona, 1950), was the first professor of Dermatology and Syphilography of the University of Barcelona and the second in Spain. Simultaneously he was the Chief of the Dermatologic Service in the Clinic Hospital, between 1915 and 1947, with a brief parenthesis during the Civil War. His multiple medical contributions --12 books and 200 articles-- and his great activity --he trained more than 5.000 pupils and attended more than 70.000 patients-- reflect his educational vocation, his inteligence and working capacity. His international projection was posible because of his eminent speaking of several languages, that let him have notorious positions in international dermatologic societies. Humanist and with a wide culture, he made interesting aportations not only to the history of medicine and Dermatology, but to philosophy, literature, theater, art and politics. Catalan nationalist and republican, he always protected the catalan language as a scientific one, but never mixed up in politics. He belonged to numerous scientific and cultural associations, having responsible positions. He was the president of the Royal Academy of Medicine of Barcelona, the Medical-Pharmaceutical Institute of Catalunya, the Catalan Society of Dermatology and the Catalan Section of the Spanish Academy of Dermatologists.
Keywords:
Jaume Peyrí
Professor of Dermatology in Barcelona
Clinic Hospital of Barcelona
Internacional Committee of Dermatology
Nationalism
Humanism
Royal Academy of Medicine of Barcelona
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INTRODUCCIÓN

La elección del tema para la realización de una tesis doctoral relacionada con la especialidad es difícil dado que existen diversas posibilidades. Aunque la tesis histórica no tiene una incidencia directa en la práctica clínica diaria, ofrece la ventaja de no ser efímera, pues la historia permanece siempre. De hecho, el conocimiento de los orígenes de nuestra especialidad y de las principales figuras que la ejercieron nos explica el presente y nos da claves para el futuro, contribuyendo, por tanto, a la práctica médica.

El doctor Jaume Peyrí i Rocamora fue una personalidad en la Barcelona de principios de siglo. Además de ser el primer catedrático de Dermatología de la Facultad de Medicina de Barcelona y el primer jefe de servicio de esta disciplina en la Ciudad Condal, puede considerársele el creador de la escuela catalana de dermatología. Por otra parte presidió numerosas asociaciones científicas, entre ellas la Real Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona, y fundó la Societat Catalana de Dermatologia. Estudiar la figura de este profesional en una especialidad cuya enseñanza obligatoria se instauró paralelamente a sus inicios como profesor y seguir su dilatada trayectoria --casi 50 años-- en el Servicio de Dermatología, incluyendo la época de construcción y traslado al nuevo Hospital Clínico, ha sido solamente una parte de este trabajo. Gracias a la colaboración de su familia hemos podido acceder a sus documentos personales, lo que nos ha permitido conocer la relación de Peyrí y de la dermatología catalana con otras escuelas, especialmente la madrileña, y la proyección de su servicio a nivel internacional. Los estudios sobre las aguas minero-medicinales y su contribución al uso del catalán como lengua científica completan esta faceta médica.

A pesar de su amplísima labor científica, lo más atractivo del personaje es su vertiente humanística, no sólo por su afición a la misma, sino por sus aportaciones al arte, a la filosofía y, especialmente, a la historia de la medicina y de la dermatología. Por otra parte, la ubicación de Peyrí en la Tarragona y la Barcelona de la época, la variedad de los acontecimientos socio-político-culturales --primera y segunda guerras mundiales, guerra civil y postguerra-- que ocurrieron durante su vida, la percepción de los mismos y sus consecuencias permiten conocer, en primera persona, la realidad de la España en la primera mitad de siglo.

MATERIAL Y METODOS

En primer lugar se procedió a localizar todos aquellos documentos que pudiesen hacer referencia al doctor Peyrí. Tras una búsqueda bibliográfica en la biblioteca de la Fundación Uriach y la información facilitada por el profesor García Pérez nos pusimos en contacto con los familiares de nuestro biografiado, en concreto con el doctor Jordi Peyrí Rey, quien amablemente nos cedió los documentos personales de su abuelo y el trabajo L'obra històrica i literaria de Jaume Peyrí i Rocamora, president de la Reial Acadèmia de Medicina de Barcelona (1).

Después de conseguir la autorización familiar solicitamos el curriculum de Jaume Peyrí y de sus hermanos José María y Antonio en el Archivo de la Universidad de Barcelona (2). En la Real Academia de Medicina de Barcelona obtuvimos abundante material, cedido anteriormente por el profesor: varios artículos y libros, los discursos más importantes pronunciados por él en la Academia, así como diversos trabajos sobre dicha institución que eran necesarios para ubicar a don Jaume en la misma. Revisamos los Anales de Medicina y Cirugía, revista de la Academia, y cuando fuimos autorizados, los libros de actas de ingreso y de los nombramientos de vicepresidente y presidente (3, 4). También fotocopiamos algunas fotografías del doctor (Fig. 1) y revisamos la Crónica de la Real Academia de Medicina de Barcelona (5) y las Sesiones conmemorativas del bicentenario de su fundación (6).

FIG. 1.--Fotografía de Peyrí, académico de la Real Academia de Medicina de Barcelona.

En la biblioteca de la Acadèmia de Ciències Mèdiques de Barcelona hallamos diversos artículos suyos, los libros por él traducidos, y trabajos referentes a la historia de la medicina y de la dermatología; sin embargo, no encontramos ningún dato referente a la antigua Societat Catalana de Dermatologia y su relación con la actual Societat Catalana de Dermatologia i Venereologia, por lo que tuvimos que contactar con su presidente actual, el doctor Joaquim Ramis i Coris.

En la biblioteca del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico de Barcelona conseguimos, revisando todos los tomos de la revista Actas Dermosifiliográficas, órgano oficial de la Academia Española de Dermatología, gran cantidad de artículos científicos publicados por Peyrí. Tres años más tarde hicimos una consulta informatizada de los archivos de esta revista en Dermanet para cotejar la eficacia de la búsqueda manual. La señorita Milagros, secretaria de la Academia, nos facilitó aquellas fotocopias de Actas Dermosifiliográficas que hacían referencia a la participación de Peyrí en acontecimientos tales como congresos o actas de la Junta.

En la biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona encontramos diversos artículos científicos, la mayoría de los libros de dermatología escritos por él y un índice de toda la obra del catedrático existente en la misma. Acudimos también al Arxiu Històric de la Ciutat, situado en la Casa de l'Ardiaca de Barcelona, en busca de notas necrológicas y de otros hechos relevantes en la vida del profesor que, bajo nuestro punto de vista, podían haber tenido repercusión en la prensa, y consultamos diversos microfilmes de La Vanguardia, Diario de Barcelona, La Veu de Catalunya, El Noticiero y La Publicitat. También acudimos al Museu d'Història de la Medicina Catalana en busca de información.

Para obtener testimonios, documentos personales y fotografías relacionadas con el profesor nos pusimos en contacto con sus familiares. Una gran parte del material nos lo cedió amablemente el doctor Jordi Peyrí Rey, nieto del profesor. El doctor Oriol Mercadal Peyrí, también nieto de nuestro personaje, nos proporcionó el trabajo escrito por su hermano Carlos Manuel titulado Vida y obra de Jaume Peyrí Rocamora (7). Asimismo mantuvimos varias entrevistas personales con Jordi Peyrí, con una de las hijas de nuestro biografiado, doña Teresa Peyrí Dalmau, y con la señora Teresa Peyrí, viuda de Pi i Sunyer, hija de su hermano Antonio Peyrí y esposa de August Pi i Sunyer.

Para conocer los lugares donde vivió tuvimos que seguir la pista de nuestro catedrático. Para ello nos desplazamos hasta Reus para conocer su casa natal y fotografiar la iglesia de Sant Pere Apòstol, y también la pila bautismal donde fue bautizado. En el archivo de dicha parroquia conseguimos el certificado del bautismo (8). Las consultas a los Archivos Histórico del Ayuntamiento de Reus e Histórico Comarcal de Reus nos permitieron localizar su partida de nacimiento y en la parte nueva de Reus una calle que lleva su nombre, de la que tomamos unas imágenes. Asimismo, hicimos diversas consultas al Archivo del Hospital de Sant Joan de Reus, del que Peyrí fue nombrado hijo predilecto, donde no pudimos encontrar ninguna información al respecto. Por ello acudimos nuevamente al señor Sabí Peris, del Archivo Histórico Comarcal de Reus, quien tras realizar numerosas consultas sobre este evento en los índices de las actas municipales, en el hospital y en la hemeroteca nos facilitó las copias del Diario Español donde estaba publicada la noticia (9, 10). También en dicha ciudad, gracias a la colaboración de algunos amigos, localizamos el Diccionari Biogràfic de Reusencs (11) y una fotografía del mercado de Reus realizada hacia el año 1900.

Nos desplazamos a Tarragona, puesto que gracias a algún manuscrito habíamos deducido que había vivido en la calle de la Nau, número 10. Tras verificar este dato con consultas al Archivo Histórico del Ayuntamiento de Tarragona y al Archivo Histórico de la Diputación Provincial de Tarragona, localizamos la casa e hicimos las fotografías pertinentes de la fachada. También nos pusimos en contacto con la Casa Castell Arnau, que contiene el Archivo de Imágenes y la Fototeca de Tarragona, donde nos proporcionaron algunas fotografías de Tarragona realizadas a finales del siglo pasado. En el Instituto Técnico Martí Franquesa, antiguo colegio del doctor Peyrí, intentamos localizar una fotografía de su promoción. Desde allí nos desplazamos a Cambrils en busca de la «casa pairal» de la familia Peyrí.

En el archivo de la basílica de Montserrat conseguimos una fotocopia del certificado de matrimonio (12). En Barcelona tomamos unas imágenes de los domicilios sitos en las calles Lauria y Aragón, en los que había vivido. Acudimos al Servicio de Dermatología del Hospital Clínico para poder realizar alguna fotografía del anfiteatro donde el profesor daba las clases, pero desgraciadamente esta parte del hospital estaba cerrada por remodelación.

Tras conocer la actividad de don Jaume en el Instituto Médico-Farmacéutico de Barcelona acudimos a su biblioteca en busca de información. Cabe decir que únicamente fuimos autorizados a copiar, manualmente las actas de los años en los que Peyrí perteneció al mismo (13). Asimismo tuvimos una entrevista con la actual directora del Instituto, doctora Carmona, y fotografiamos la placa de mármol en la que aparecen los nombres de los presidentes de esta sociedad (Fig. 2).

FIG. 2.--Placa de mármol realizada como homenaje a los presidentes del Instituto Médico-Farmacéutico de Barcelona.

Acudimos al Archivo Histórico del Ayuntamiento de Barcelona en busca de documentos referentes a los cargos públicos que ostentó el profesor Peyrí y a su participación en diversas juntas provinciales. Dado que de la conferencia Vínculos y relaciones de la medicina y Cervantes, pronunciada por el autor en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona con motivo de las reuniones conjuntas de las cuatro academias barcelonesas, sólo habíamos encontrado notas en la prensa (14), nos dirigimos a la Reial Acadèmia de les Bones Lletres y a la Reial Acadèmia de Ciències i Lletres de Barcelona en busca de alguna información.

Por otra parte buscamos referencias en los textos de historia de la medicina española y catalana, especialmente en los de los profesores Granjel (15) y Riera (16). Nos documentamos en los libros de Corbella (17), Sierra (18), Oriol Cassasas (19) y en la revista Medicina e Historia (20). También consultamos otras tesis doctorales, especialmente la del doctor Del Río: «Los orígenes de la Escuela Madrileña de Dermatología» (21). Asimismo nos resultaron sumamente útiles los libros Diccionari Biogràfic de Reusencs (11), la Bibliografia Medical de Catalunya (22) y el Diccionari Biogràfic de Metges Catalans (23). Obtuvimos algunos datos referentes a Reus, Tortosa y Tarragona en la Gran Enciclopèdia Catalana, donde, además, hallamos algunos datos biográficos de Peyrí, al igual que en la Enciclopedia Espasa-Calpe, y consultamos en diversas ocasiones la Gaceta de Madrid.

La revisión de diversos discursos pronunciados en la Real Academia fue de gran utilidad. Así conseguimos valiosa información en el discurso de recepción del doctor Carreras i Verdaguer: La dermatologia en la medicina catalana. Contribució a la medicina mundial (24). La Historia de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona, escrita por los doctores Sebastián Montserrat Figueras y Manuel Carreras Roca (25), y las Efemérides de la «Real Academia de Medicina de Barcelona» des d'en Pere Güell a N'Agustí Pedro i Pons (26), relatada por el último, nos permitieron conocer el devenir de la Academia y el papel de don Jaume en el mismo. Del mismo modo fueron objetivo de nuestro estudio aquellos discursos de contestación de otros autores que hacían referencia a nuestro biografiado (27-29). Por supuesto consultamos todos aquellos trabajos que habían sido elaborados con anterioridad sobre nuestro personaje.

Una vez recogido el material, lo dividimos en cuatro grandes grupos, según hiciesen referencia a su vida, a su labor como médico, a la faceta humanística o a las sociedades científicas en las que participó. A continuación fichamos cada documento, que fue guardado en su archivador correspondiente, incluyendo en el ordenador los datos bibliográficos y un resumen del mismo. En los archivadores el material se ordenó por orden cronológico y por temas.

Para comentar su trabajo como dermatólogo recurrimos inicialmente a aquellas publicaciones que hacían referencia al estado de la especialidad y la enseñanza de la misma, así como a todos los artículos que hacían referencia a esta vertiente del profesor (18, 30). También recurrimos a las biografías, discursos o notas periodísticas que pudiesen aportar información (1, 28, 31, 32). Naturalmente conocer la historia de la Facultad de Medicina de Barcelona durante aquellos años nos fue sumamente útil para ubicar a Peyrí en su labor (17). Sin embargo, los datos más específicos los hallamos en su expediente académico (2), que nos fue facilitado por la Universidad de Barcelona. Lo ordenamos cronológica y temáticamente, según se refiriera a su curriculum académico, a nombramientos de la Facultad o del hospital, a datos referentes a épocas concretas de su vida (permisos por enfermedad, jubilación, documentos relacionados con la guerra civil) o bien a reuniones del claustro. Finalmente, la revisión de los documentos personales del profesor nos permitió adjuntar secciones referentes a su relación con otras escuelas, especialmente la madrileña y la francesa.

Al exponer la obra médica decidimos señalar aquellos temas a los que Peyrí dedicó especial atención a lo largo de su vida. Para ello separamos sus trabajos en los siguientes apartados: los balnearios, la lepra, las enfermedades venéreas, la estética, el cáncer y la medicina psicosomática, incluyendo en cada uno de ellos los libros, publicaciones y conferencias realizados al respecto. Hicimos especial mención al Arbor Dermatoaegrotorum (Fig. 3), a la organización de cursos y congresos, especialmente el Congreso Internacional de Cáncer de Piel (33), o a su participación en los mismos. Por otra parte, dividimos su obra escrita según se tratase de libros o publicaciones y atendiendo al idioma en que estuviesen redactados.

FIG. 3.--Arbor dermatoaegrotorum. Lienzo en color que se conserva en el Museu de Historia de Medicina Catalana diseñado por Peyrí en 1925. En el mismo el autor clasificó las afecciones cutáneas de acuerdo con los dictados de la moderna patología dermatológica de la época, siguiendo el planteamiento realizado un siglo antes por el barón Juan Luis Alibert.

La parte más compleja fue la clasificación de los documentos personales, puesto que eran casi un millar. Separamos en primer lugar sus manuscritos, cartas y documentos de las cartas y documentos remitidas por otros y que Peyrí guardaba entre las suyas. Entre el material del profesor diferenciamos cuatro grandes grupos: obras manuscritas, cartas, nombramientos y otros documentos que podríamos denominar «documentos varios». Una vez ordenado todo se procedió al estudio de las obras manuscritas. Tras su lectura se hicieron los resúmenes correspondientes, pasando, según su temática, a incluirlos en cada uno de los apartados de este trabajo. Las cartas escritas por nuestro catedrático que hallamos entre los documentos personales hacen, en su mayor parte, referencia a su vida profesional, especialmente a las relaciones de Peyrí con otros dermatólogos españoles. A continuación intentamos interrelacionar éstas con las misivas que Peyrí recibió de otros dermatólogos españoles, en su mayoría pertenecientes a la escuela de Madrid, para comprender mejor cuál era la relación existente entre ambas escuelas. Dado que no siempre quedaba claro el motivo o la fecha en que se remitía la carta, tuvimos que recurrir a la tesis del doctor Del Río (21), a otras partes de la biografía, al expediente de Peyrí (2) o a la información facilitada por el profesor García Pérez para conseguir un relato coherente.

Entre las cartas recibidas por el profesor --más de 100-- separamos aquellas que fueron remitidas por otros dermatólogos y las ordenamos atendiendo a los diferentes idiomas y a las fechas (cuando éstas constaban en las mismas) en que fueron escritas. Tras traducirlas, las resumimos y transcribimos su contenido en el apartado al que hacían referencia. Exceptuando los nombramientos y las misivas procedentes de diversas sociedades científicas, la mayoría de las cartas redactadas en otros idiomas merecieron un apartado específico dentro de la faceta de dermatólogo, que titulamos las relaciones internacionales. Las cartas de índole personal se transcribieron en su mayor parte por parecernos muy apropiadas para conocer la vida del profesor, su faceta como médico o su relación con la política, y por tanto se incluyeron, según su temática, en las diferentes partes en que está estructurado este trabajo.

Para poder comprender en su totalidad la obra humanística atendimos primeramente a los relatos de los biógrafos de Peyrí (1, 7, 32, 34-36) y a los trabajos publicados por el profesor. A continuación dividimos el material que habíamos recogido en seis grandes grupos, según tratasen de filosofía, historia, literatura, arte, música o política. Cuando algún trabajo hacía referencia a más de un apartado, narramos en cada uno de ellos la parte correspondiente. Los artículos periodísticos concernientes a las obras de nuestro catedrático siguieron un tratamiento similar. Los manuscritos fueron incorporados, según el tipo y tema del relato, en las secciones correspondientes a literatura, teatro o política.

Finalmente decidimos agrupar todas las asociaciones a las que perteneció en un capítulo aparte. Para ello ordenamos el material en nueve grandes grupos, atendiendo al tipo de sociedad. En cada una de ellas dividimos los documentos en dos partes, según hiciesen referencia a los cargos de nuestro biografiado en las mismas o a su participación en las sesiones científicas. Cabe destacar que, exceptuando la Real Academia, el Instituto Médico-Farmacéutico y la Societat Catalana de Biologia, la mayoría de los datos aportados corresponden a documentos personales del doctor Peyrí, cuya ordenación e inclusión en los capítulos oportunos nos ha permitido redactar estas secciones, puesto que en ninguna de las bibliotecas consultadas pudimos localizar este material. Para terminar, toda la información se procesó informáticamente con el programa Microsoft Word 97.

RESULTADOS

Tras estudiar detalladamente la vida y obra de nuestro personaje podemos hacer las siguientes afirmaciones con respecto a su vida:

Jaume Peyrí i Rocamora nació en Reus el día 12 de enero de 1877, hijo de un médico militar destinado en Cuba. A los 9 años se trasladó con su familia a Tortosa, donde inició sus estudios de bachillerato. Un año después pasó a vivir en Tarragona, ciudad que resultó decisiva para él, puesto que la formación académica y espiritual que adquirió durante los 5 años de estudio del bachillerato le marcó las directrices a seguir en su vida (37). Tras finalizar con brillantez los estudios elementales, se instaló en Barcelona, donde residiría desde el inicio de la carrera hasta su fallecimiento, el 6 de febrero de 1950, si exceptuamos los años correspondientes a la guerra civil.

Efectuó sus estudios universitarios en la Facultad de Medicina de Barcelona durante los cursos 1892-1893 a 1898-1899 de acuerdo con el plan establecido en la reforma de 1886 y se licenció en el año 1899 con la calificación de sobresaliente (2). Durante sus años de formación trabajó como alumno interno, desde el 15 de noviembre de 1896 hasta el 31 de diciembre de 1898, adquiriendo una importante experiencia de cara al futuro, a la vez que se iniciaba con otros compañeros en el cultivo de las humanidades (2, 38). Fue uno de los alumnos más destacados de su promoción, una de las que más catedráticos daría a la Facultad. Se doctoró con sobresaliente en Madrid el 28 de junio de 1901, tras defender su tesis experimental titulada «Estudio bacteriológico de la lepra» (39). En ese momento tomó la decisión de instalarse definitivamente en Barcelona con su familia para seguir su carrera profesional (38).

En 1898, cuando contaba 21 años, y siendo todavía estudiante, falleció su padre tras ser repatriado afecto de una disentería amebiana que había contraído en la guerra de Cuba. Este hecho le convirtió en responsable de la familia, a la que atendió y unió como lo habría hecho un patriarca. Su madre, doña Teresa Rocamora, vivió siempre con él, al igual que sus dos hermanos pequeños, José María y Antonio. Ambos residieron en su casa hasta que formaron sus hogares, y de su mano estudiaron medicina y se dedicaron a la dermatología (34).

Don Jaume Peyrí se casó con Lydia Dalmau i Pons el día 1 de julio de 1905, en el camerín de la basílica de Montserrat (12). El matrimonio Peyrí viviría inicialmente en la calle Lauria, número 53, pero desde 1922 se estableció en la calle Aragón, número 270. Fue una pareja muy unida que tuvo seis hijos, dos de los cuales fueron médicos y uno de ellos, Jaume, dermatólogo. Éste tuvo dos hijos, Jordi y Enrique, que se dedican actualmente a nuestra especialidad.

En cuanto a sus aficiones podemos destacar el dibujo, la fotografía, las excursiones, los viajes, el arte, la literatura, el teatro y la música, fundamentalmente la lírica. Era una persona meticulosa, ordenada y de profundas convicciones religiosas. Dotado de una gran inteligencia, tenía una enorme capacidad de trabajo y una visión de futuro poco común (35).

Hacia julio de 1936, con motivo de la guerra civil, se exilió en Francia, permaneciendo en Roquebrune hasta febrero de 1939 (36). Aunque él se reconocía nacionalista y republicano (40) y su hermano Antonio era yerno del presidente de la Generalitat, Francesc Macià, no estaba de acuerdo con el desarrollo de los acontecimientos políticos ni con los abusos que se cometieron durante la contienda. Ante estos hechos y una enfermedad de su esposa decidió trasladarse al país vecino, donde, gracias al nombramiento de doctor honoris causa (Fig. 4) por la Universidad de Montpellier (41), pudo seguir ejerciendo como dermatólogo. En diciembre de 1938 murió su madre, y su esposa fallecería en abril de 1939. Poco después, en 1944, lo hizo su hija Núria, por la que sentía un especial afecto. Todos estos hechos determinaron que sus últimos años resultaran más tristes.

FIG. 4.--Fotografía de Peyrí vistiendo las insignias de doctor honoriscausae por la Universidad de Montpellier.

El 6 de febrero de 1950 falleció, rodeado de los suyos, afecto de una insuficiencia cardíaca derecha desencadenada por una bronconeumonía. Padecía, probablemente desde 1942, una hipertensión arterial y había sufrido anteriormente pequeños accidentes vasculares cerebrales transitorios. Por lo demás parece ser que había gozado de buena salud, si exceptuamos una grave fiebre tifoidea en el año 1900 y un accidente de coche acontecido en 1933 (42).

En cuanto a su labor como médico podemos concluir que:

Hacia 1901 comenzó su actividad privada como especialista en «enfermedades de la matriz y las vías urinarias» en un consultorio compartido con sus compañeros los doctores Pere Nubiola, Frederic Corominas i Pedemonte, Soler i Bertot y Ramón Torres i Casanovas (Fig. 5). A pesar de contar con cuatro figuras destacadas --tres de ellos serían más tarde catedráticos y dos de ellos presidentes de la Real Acadèmia--tuvieron que cerrarlo por falta de clientela. Posteriormente se estableció en la calle Lauria, número 81, anunciando una dedicación «a partos». En 1906 trasladó su actividad a la calle Lauria, número 53, hasta que en 1922 se instaló definitivamente en la calle Aragón, número 270. Durante sus casi 50 años de ejercicio adquirió un gran prestigio profesional como dermatovenereólogo, disfrutando de una abundante clientela y siendo requerido frecuentemente a consulta por médicos diversos.

FIG. 5.--Consultorio médico compartido en 1901 con compañeros que más tarde resultaron en su mayoría reconocidos especialistas y ocuparon lugares de honor.

Tras finalizar sus estudios comenzó a trabajar en el Hospital de la Santa Creu y en la Facultad de Medicina de Barcelona, donde tuvo una trayectoria rápidamente ascendente. En 1901 fue nombrado ayudante interino de profesor auxiliar; en 1903, profesor auxiliar encargado de Dermatología de la Facultad de Medicina, y en 1905, auxiliar numerario de sexto grupo de la misma, cargo que desempeñó hasta el año 1909, en que fue nombrado profesor interino de Dermatología y Sifiliografía (2). En 1908 publicó su primer libro de dermatología (43).

El 1 de enero de 1915 fue designado «encargado de la cátedra de Dermatología y Sifiliografía, con su clínica» (2), y el 22 de julio del mismo año sería nombrado catedrático, sin oposición, en base a los artículos 238 y 239 de la ley del 9 de septiembre de 1857, y de conformidad con las propuestas formuladas por la Facultad de Medicina de Barcelona, las Reales Academias de Madrid y Barcelona y el Consejo de Instrucción Pública (44). De este modo, el doctor Peyrí pasó a ser el primer catedrático de esta especialidad en Barcelona y el segundo de España, cargo que ejerció desde 1915 a 1947, formando a unos 5.000 alumnos y creando a su vez el primer Servicio de Dermatología de Barcelona, del que fue jefe durante esos años. Cabe destacar que fue el primer profesor de esta Facultad que instauró la norma de dar clase en el dispensario, para poder simultanear las explicaciones con la visita a los pacientes, y uno de los pocos que no pasaban lista. Para algunos autores su función docente e investigadora podría compararse con la que desarrolló el doctor Azúa en Madrid (34).

En realidad la docencia era desde la infancia su auténtica vocación (45). Sus ideas pedagógicas se basaban en tres pilares fundamentales: uno, la vocación de los alumnos; otro, la impartición de una enseñanza clara y concisa, ayudando a los estudiantes menos destacados y fomentando el diálogo, y por último, una planificación correcta de los estudios desde el bachillerato. Para él la misión del profesor o catedrático de Dermatología era dirigir y orientar el camino de los discípulos, de modo similar al maestro de escuela. Por otra parte, consideraba que, además de impartir su materia, todo profesor debería mostrarse como un ejemplo a seguir (46-48).

Participaba activamente en el claustro de profesores de la Facultad, aunque dudando de su utilidad, pues para él apenas se tomaban decisiones. Con respecto al programa de los estudios de medicina, era reacio a los cambios en los planes de las asignaturas, considerando que la distribución de materias era excelente. Sin embargo, no estaba de acuerdo con el sistema de oposiciones ni con los tribunales para proveer las cátedras u otros puestos de trabajo, ya que dudaba de la equidad de los mismos. También era muy crítico con las normas para acceder al grado de doctor, y sostenía que debían reformarse. Proponía que el doctorado se realizase tras 2 años de especialización, en cuyo momento el aspirante debería redactar una memoria, que sería su tesis doctoral, demostrando así su capacidad como clínico y como investigador (47). Al igual que otros profesores, estaba descontento con los pocos medios que recibía la Universidad por parte del Estado y de la escasa autonomía de la misma (42).

Peyrí tuvo un papel destacado en la dirección de la Universidad. El 3 de julio de 1915 el decano Mariano Batlles propuso que se encargase de la Secretaría de la Facultad, mientras su titular, Antonio Riera Villaret, estaba ausente. El 30 de junio de 1931 se presentó a las elecciones para decano, siendo derrotado por el doctor Trías, y en 1932 presentó su candidatura para rector, puesto al que accedió el doctor Serra por mayoría de votos. En febrero de 1939, a propuesta del rector de la Universidad, E. Jimeno, fue nombrado decano en funciones de la Facultad de Medicina (2). Durante la guerra civil su hermano Antonio, profesor auxiliar, se hizo cargo del servicio y de la enseñanza de la dermatología. Cuando en 1938 Antonio se exilió, el doctor Castells fue el responsable del servicio hasta la reincorporación, en 1939, del doctor Jaume Peyrí (17).

Fue el principal impulsor de la Escuela Profesional de Dermatología y Sifiliografía del Hospital Clínico, dependiente de la cátedra del mismo nombre de la Facultad de Medicina de Barcelona. Él mismo la solicitó, en escrito oficial, al decano de la Facultad el 7 de julio de 1945 basándose en la Ley de Reforma Universitaria y en el Reglamento de Ordenación de la Facultad de Medicina del 7 de julio de 1944, capítu-lo VIII, artículos 55 a 57, referente a la creación de escuelas de especialistas y teniendo en cuenta que en Madrid ya se había iniciado su organización (2).

Su función como jefe de servicio fue notable. También, bajo su dirección, la Cátedra de Dermatología de Barcelona cobró prestigio y se situó en la vanguardia de la especialidad. Fue el introductor del tratamiento con arsenicales en la lúes (Fig. 6), de la reacción de Wasserman (junto con el doctor Arruga) y del estudio de la dermatopatología en Catalunya; cultivó la fotografía clínica; empezó y alentó las técnicas quirúrgicas y la utilización del radium en los procesos dermatológicos. Cuando el antiguo Hospital de la Santa Creu se trasladó al nuevo Hospital Clínico consiguió los medios necesarios para el desarrollo de su servicio, dotándolo de un dispensario, salas de hospitalización, un departamento de fototerapia, laboratorios para microbiología y anatomía patológica y una unidad experimental (28).

FIG. 6.--Caricatura del doctor Peyrí inyectando Salvarsán en el consultorio del Hospital Clínico, realizada por Benigani. Forma parte de un grupo de caricaturas denominadas «galería de figuras médicas».

Y supo crear escuela. Tuvo como mínimo 22 colaboradores en su servicio, entre los que destaca la presencia de numerosos familiares, a los que siempre asesoró: sus hermanos José María y Antonio, su hijo Jaume, sus yernos José María Mercadal Peyrí y, posiblemente, Arturo Inglada Marianges. Otros discípulos, Vilanova, Noguer Moré y Dulanto, ocuparon puestos importantes en la dermatología española, siendo el primero su sucesor en la cátedra y en el Servicio de Dermatología (49-51).

Su labor en el Hospital Clínico no se limitó a la dermatología. Sus amplios conocimientos en medicina interna y su carácter bondadoso le llevaron a ejercer como «médico de las monjas de la Comunidad de Santa Ana», encargadas de la asistencia en el hospital. Además realizó una importante tarea en la administración del Hospital Clínico, formando parte de una sociedad constituida para el uso y el alquiler del radium y, años más tarde, como vocal de la Junta Administrativa (34).

Los temas dermatológicos que más le interesaron, y sobre los que más publicó, eran la enfermedad de Hansen, las enfermedades venéreas, el cáncer cutaneomucoso, la balneoterapia, la estética y la medicina psicosomática, de la que fue un precursor. Sobre las dos primeras realizó amplios estudios epidemiológicos, orientados a luchar contra la propagación de estas enfermedades, aportando, además de una visión global, la planificación oportuna con todo detalle, con lo que demostraba una considerable capacidad de gestión sanitaria (52, 53).

Escribió 10 libros de dermatología (43, 52, 54-61), dos sobre balneoterapia (62, 63) y unos 200 folletos y artículos. Quizá el libro que tuvo mayor trascendencia fue el «Manual de enfermedades intersexuales» (56), ya que recibió la aprobación del Ministerio de Instrucción Pública y fue adoptado como libro de texto en la mayoría de facultades de habla hispana. Además de su obra escrita fue un fiel defensor de nuestra especialidad, luchando contra el intrusismo y el charlatanismo, tan frecuente en aquella época, y difundiendo su contenido y su utilidad, tanto en sus conferencias como en diversas colaboraciones periodísticas.

Cabe destacar la preocupación para conseguir la proyección internacional de su servicio, que se inició desde que en 1910 viajara a Alemania para conocer el manejo del tratamiento con Salvarsán (64). Gracias al dominio de diversos idiomas, presentó comunicaciones y ponencias a la mayoría de los congresos, estableciendo amplias relaciones internacionales y convirtiéndose, junto con Sánchez Covisa y Sainz de Aja, en representante de la dermatología española a nivel internacional. Formó parte de la mayoría de las asociaciones dermatológicas internacionales, siendo designado miembro de honor de sociedades dermatológicas de diversos países, doctor honoris causa por la Universidad de Montpellier (41), miembro de la «exposición misionaria vaticana» (65) y del Comité Permanente de la Liga Internacional de Dermatología (66) (Fig. 7).

FIG. 7.--Mesa presidencial de La Liga o Comité Internacional de Dermatología en 1935 en el Congreso de Budapest. Presiden Lomholt, Nèkam, Darier, Peyrí y Grey.

Su contribución a las asociaciones científicas y culturales fue tan amplia que resulta difícil de sintetizar, pero podríamos resumir en las siguientes:

Don Jaime Peyrí perteneció a numerosas sociedades científicas, a las que realizó múltiples aportaciones. En 1925 fundó y presidió la Societat Catalana de Dermatologia y Sifiliografia para aunar a todos los dermatólogos catalanes y su producción científica (67). Fue presidente de la Sección Catalana de la Sociedad Española de Dermatología desde su creación hasta que fue nombrado presidente honorífico (50, 68, 69) y presidió el Instituto Médico-Farmacéutico de Barcelona durante los años 1916 a 1918 (13).

Sin embargo, fue en la Real Academia de Medicina de Barcelona donde Peyrí realizó la labor más importante, ya desde su ingreso como miembro correspondiente en 1908. Fue elegido vicepresidente en 1930, cargo que ejerció hasta 1934, en que pasó a la presidencia. Fue un gran presidente y, probablemente, el académico que más años ocupó este puesto --desde 1935 a 1948-- (1, 70). Participó en diversas comisiones, contribuyendo a su ornamentación tras el traslado y fomentando sus actividades científicas, culturales y diplomáticas. Por otra parte, colaboró en la primera reunión de las cuatro academias oficiales de Cataluña (Buenas Letras, Ciencias, Bellas Artes y Medicina) para constituir el Institut de Catalunya, y mostró su carácter conciliador al evitar la depuración de académicos tras la guerra civil (1, 71).

De su faceta humanística podemos destacar los siguientes hechos:

En primer lugar, el doctor Peyrí dominaba diversos idiomas, entre ellos el latín y el griego, era un humanista y un hombre de gran cultura. Abogaba por una enseñanza media impregnada de humanismo destinada a ofrecer conocimientos de arte, historia, filosofía y lenguas clásicas. Opinaba que para cursar carreras como la medicina era necesario un conocimiento humanístico amplio, y que el contacto entre hombres era imprescindible para evitar el «hombre-máquina», siendo esencial la búsqueda del ideal. Consideraba que el médico era un hombre preparado para hacer filosofía, para la literatura, la historia, la música y el arte en general, y, lo que es más importante, que estas actividades podrían ser una compensación a los sinsabores de su trabajo cotidiano (71).

A lo largo de su vida pronunció diversas conferencias que hacían referencia a las humanidades, siendo las más significativas: «Metges filòsofs i metges artistes», realizada en 1931 con motivo de la reunión de las cuatro academias barcelonesas (71), y «Retorno al humanismo», que constituyó el discurso inaugural de la Universidad de Barcelona en 1940 (72). Su contribución a la historia de la medicina fue conspicua. Descubrió el origen gerundense de Gaspar Casal (73), participó activamente en el homenaje a Gimbernat (74), realizó semblanzas de los doctores Carulla (75) y Robert (76) y escribió un magnífico libro titulado «La medicina de los libros de Horacio» (77). En cuanto a la historia de la dermatología, su aportación tuvo repercusión internacional, ya que su obra «Esquisse de ce qu'a eté la dermatologie en Espagne dépuis 50 ans» fue presentada en el IX Congreso Internacional de Dermatología celebrado en Budapest en 1935 (78).

A su vez era un hombre preparado para la literatura. Entre su obra literaria nos ha legado unos preciosos cuentos históricos denominados «De Clio Médica» (79) y abundantes manuscritos que van desde ensayos y relatos costumbristas a obras de teatro. Sus escritos autobiográficos «Carnet d'un escolar a Tarragona fa 40 anys» (37) y «Apuntes no velografiados de un estudiante de medicina ochocentista» (39) nos han permitido conocer su vida desde los 10 hasta los 23 años, así como abundantes detalles del colegio, la facultad, sus profesores y los eventos políticos y socioculturales de la época.

Aunque no estudió Bellas Artes, como hubiera deseado, tenía amplios conocimientos artísticos y perteneció a numerosas asociaciones de este ámbito. Impulsaba a su familia y a sus amigos a conocerlo, organizando excursiones donde hubiese algún monumento destacable. Si bien habló de arte en tres conferencias: «Metges filòsofs i metges artistes» (71), «Iconografia d'uns Metges Anargirs: Sant Cosme i Sant Damià» (80) y «La patologia i la teratologia en l'Art; son sentit estètic» (81), su contribución más importante fue su participación en la decoración de la Real Academia de Medicina y Cirugía, en el Casal del Metge, y en la restauración de la ermita Sant Jaume de Vilanova, ubicada en su finca.

Políticamente hablando, Peyrí tenía un espíritu nacionalista catalán, contrario al centralismo, aunque nunca se afilió a ningún partido. Dudaba de la honestidad en la política y estaba convencido que no era pertinente que los médicos se dedicaran activamente a la misma, por el esfuerzo y la pérdida de tiempo que les suponía en detrimento de su actividad profesional (39). Defendió el catalán como lengua científica, presentando trabajos y comunicaciones en este idioma y creando la Societat Catalana de Dermatologia (82). Durante la segunda y tercera décadas de su vida escribió diversos escritos de cariz catalanista (37, 83) y colaboró en la redacción de diccionarios catalanes (84). Con el paso de los años, y probablemente tras ser testigo del fanatismo y la intolerancia que se extendieron durante la Segunda República y la guerra civil, suavizó su postura, cambiando el sentimiento de injusticia por el de amor a su tierra.

DISCUSIÓN

La figura de Jaume Peyrí es conocida en España, especialmente en Catalunya, no sólo por tratarse del primer catedrático de Dermatología, sino por su aportación a la Real Academia. Sin embargo, a nuestro juicio su obra no ha sido suficientemente valorada, ya que buena parte de la misma era desconocida y parte de su labor ha sido atribuida a algunos de sus colaboradores y discípulos. Algunos autores opinan que Peyrí era un hombre muy individualista y que no supo crear escuela. De hecho, los inicios de la dermatología catalana fueron muy diferentes a los de la madrileña (85). Después de Giné i Partagas y José María Roca --fundamentalmente venereólogos--, los verdaderos creadores de la escuela dermatológica catalana con base científica fueron Jaume Peyrí, Pablo Umbert y Pelayo Vilanova (86). Así como en Madrid la dermatología se agrupó inicialmente en el Hospital de San Juan de Dios, y primero Olavide y después Azúa consiguieron crear escuela y organizarse en sus primeros años, en 1909, en una asociación denominada la Sociedad Española de Dermatología (actual Academia Española de Dermatología y Venereología) (85, 87), parece ser que Peyrí creó escuela entre sus discípulos, pero no entre sus contemporáneos. La relación de Peyrí con sus coetáneos catalanes fue especial por diversos motivos. En primer lugar, tanto Umbert como Vilanova dejaron precozmente la profesión, a pesar de tener una sólida formación dermatológica. Por otra parte podemos afirmar que las relaciones entre Peyrí y Umbert no eran excesivamente cordiales, puesto que el segundo, que se había formado en el Hospital de Saint Louis de París, criticaba el catalanismo e individualismo de Peyrí --autodidacta--, y hubiera deseado que en Catalunya se siguiera un modelo similar al de Madrid. Sin embargo, desconocemos el motivo por el que no trabajaron juntos en el Hospital Clínico, ya que Umbert se quedó en el Hospital de la Santa Creu, donde ejerció con escasos medios y colaboradores, hasta su muerte prematura (88). Por su parte, Pelayo Vilanova decidió dedicarse a los negocios familiares y de este modo Jaume Peyrí permaneció como único árbitro de la dermatología catalana durante más de 20 años (51).

Aunque las relaciones con la escuela madrileña eran frecuentes y en su mayor parte cordiales, en junio de 1925 Peyrí decidió fundar la Societat Catalana de Dermatologia, probablemente basándose en las ya existentes en los ámbitos intelectuales más próximos, tales como la Sociedad Francesa de Dermatología y Venereología y la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía. Esta asociación era una prolongación más de su trabajo como catedrático y jefe de servicio, destinada a reunir a todos los dermatólogos catalanes para oír, presentar y discutir trabajos científicos en Barcelona, de modo similar a lo que había conseguido la agrupación madrileña años antes. A pesar de la ilusión inicial y de la publicación de la revista oficial de la entidad, el Butlletí, ésta no pudo prevalecer, que nosotros sepamos, más allá de 6 años (89, 90). De hecho, la Sociedad Española de Dermatología no fundaría su filial catalana hasta 1940 (68), después de la guerra civil, por lo que Peyrí consiguió que la Societat Catalana fuera, durante los años que existió, un vínculo de unión y de relación entre todos los dermatólogos de la zona, estableciendo el núcleo catalán, que de forma paralela al núcleo madrileño han dado lugar a la mayoría de escuelas dermatológicas actuales.

Para diversos autores Xavier Vilanova fue más un sucesor que un discípulo suyo y el «gran dermatólogo de Barcelona» (91). Si atendemos únicamente a los lugares donde trabajó Vilanova y a su planteamiento clínico (mucho más moderno), podemos concluir que así fue. Sin embargo, un análisis minucioso de la correspondencia personal de Peyrí permite observar cómo fue él mismo quien recomendó a su pupilo para que acudiese al extranjero (92) o para que le sucediese tras su jubilación. Vilanova fue un dermatólogo brillante e innovador, con una sólida formación y unas relaciones internacionales notables. Ahora bien, después de conocer la obra de su predecesor podemos afirmar que tanto la estructura del Servicio de Dermatología como la proyección internacional de Peyrí le facilitaron las cosas, puesto que este servicio tenía ya un importante prestigio en Europa y Sudamérica. No olvidemos que, entre otros muchos nombramientos, había sido designado vicepresidente de la Asociación de Dermatólogos y Venereólogos de Lengua Francesa, socio de honor de entidades como la Royal Society of Medicine o las Argentina, Cubana, Polaca o Francesa de Dermatología y miembro de la Liga o Comité Permanente Internacional de Dermatología. También hay que reseñar que aunque la Escuela Profesional de Dermatología de la Universidad de Barcelona fue concedida en 1952 (93) cuando Vilanova era el catedrático y jefe de servicio, había sido solicitada oficialmente por Peyrí en 1945 (2).

Finalmente, el nombre de Peyrí debería prevalecer en la historia de la dermatología española no sólo por su influencia en nuestra especialidad, sino por la amplia vertiente humanista que hemos esbozado anteriormente, en la que destaca el haber sido el primer dermatólogo español que revisó la evolución de nuestra especialidad (21, 78). Sus relatos autobiográficos, sus contribuciones periodísticas y sus memorias manuscritas son imprescindibles para conocer desde la historia de la Facultad de Medicina de principios de siglo hasta la de España y de Catalunya en momentos clave tales como el año 1898, la República, la guerra civil o la postguerra. Su visión personal del nacionalismo --o descentralismo-- a través del paso de los años y la repercusión que los acontecimientos políticos y sociales tuvieron en su vida constituyen también un importante motivo de reflexión. Finalmente su labor en la Real Academia de Medicina de Barcelona puede ser un exponente de la personalidad, capacidad de trabajo y honestidad de nuestro biografiado. Así debe ser recordado, más allá de sus contribuciones científicas, por su asesoramiento artístico durante el traslado, su dilatada presidencia y especialmente por su talante, que le valió el nombre de Gran Presidente al evitar la depuración de los académicos tras la guerra civil y mantener a flote una institución cultural tan emblemática como la Reial Acadèmia.

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Idiomas
Actas Dermo-Sifiliográficas

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