Información de la revista
Vol. 98. Núm. 10.
Páginas 715-716 (Diciembre 2007)
Vol. 98. Núm. 10.
Páginas 715-716 (Diciembre 2007)
Acceso a texto completo
Dermajazz
Visitas
...
R. Grimalta
a Servicio de Dermatolog??a. Hospital Cl??nic. Barcelona. Espa??a.
Información del artículo
Texto completo
Descargar PDF
Estadísticas
Figuras (2)
Texto completo

Años atrás, niño todavía, recuerdo haber corrido detrás de mis tres hermanos mayores, en un intento de escapar de mi madre que nos obligaba a asistir a las aburridas clases de piano con la señorita Mercedes. Ahora, transcurridos largos tiempos, también hoy como ayer sigo corriendo a causa de la música. Ahora la prisa la impongo yo, después de la consulta, para poder asistir a uno de los ensayos semanales que realizamos con el grupo Jazz Ma Non Troppo (fig. 1).

Figura 1. Un batería-cirujano, una vocalista-intensivista, un pianista-pediatra, un guitarra-API y un dermatólogo-contrabajista componen el grupo Jazz Ma Non Troppo.

Empecé a tomar clases de piano, con sus más y con sus menos, a los 4 años y a los 12 me examiné de nivel medio. Aunque a mí, como a todos, me divertía más la guitarra, y así, los sábados por la tarde en las llamadas misas familiares tocaba al lado de compañeros más expertos.

Con un grupo de amigos, a los 14 años formamos nuestra primera banda musical: NODO. Era un grupo de rock con temas propios. Llegamos a grabar una maqueta, 4 o 5 conciertos, y participamos en un concurso de jóvenes promesas. Si es que prometíamos, aquello acabó en nada.

A los 16 años conseguí un tible de segunda mano, un instrumento de música popular que su insolente estridencia lo hace idóneo para hacer bailar a gigantes, estimular a procaces cabezudos y para acompañar los bufidos de fuego del dragón de las fiestas. Me dediqué a su estudio, y me ofrecí en diferentes grupos. Pronto tuve la oportunidad de efectuar una suplencia, y aquel día fui feliz. Los meses que eran buenos llegaba a hacer de 3 a 4 bolos semanales.

A los 17 años empecé con estudios de clarinete. Conseguí diplomarme en él al mismo tiempo que terminaba el tercer curso de Medicina. No tuve más remedio que simultanear las clases de patología médica con los ensayos con clarinete, con el canto coral y con los estudios de armonía. Durante los cursos de cuarto y quinto de Medicina conseguí obtener una plaza de profesor de clarinete en el Conservatorio de Matadepera. También en aquella época formé un trío de música de cámara: Trío Mahalta, con el que realizamos numerosos conciertos, el más significativo de los cuales fue el que dimos en el Palau de la Música Catalana, como finalistas de un concurso de jóvenes intérpretes.

Durante mis 5 años de época milanesa reemprendí el piano en una escuela de jazz, instrumento que nunca dejé por completo. También allí toqué de nuevo el clarinete y llegué a formar un trío musical lombardiense.

De 1995 al 2003, y coincidiendo con el nacimiento de mis hijas, limité mi actividad musical a tocar el piano para los amigos en fiestas y en cenas en casa de unos y de otros.

Después de un breve, intenso, y violento festejo con el bajo eléctrico, finalmente empecé el estudio del contrabajo. Mis corpúsculos de Pacini lo perciben como una vibrante, de tono bajo, nueva capa basal de refuerzo amoldada en mi piel que tiende con su fuerza de madera noble. Mi pasión por arrancar notas de él me ha llevado a desplazarnos al apartamento en el Pirineo con mi familia en dos coches para no tener que perder el disfrute del mismo durante los fines de semana.

Cuando en una conferencia bien preparada por los múltiples paisajes dermatológicos se percibe sensiblemente en la cara el choque vibratorio de las ondas emitidas por la tensa atención de los oyentes ante lo que mi boca y mis manos expresan, la sensación de plenitud emocional es categórica. Algunos compañeros conocen de qué estoy hablando. Ellos saben bien que la sensación que he intentado expresar no es fácil de ser descrita con el pobre lenguaje de los que no estamos versados en transitar por senderos ajenos a la Dermatología. Pues bien, en una sesión de jazz un solo de contrabajo es esto, pero es mucho más, es otra dimensión, es una comunión universal y trascendente.

El grupo en el que toco en la actualidad, Jazz Ma Non Troppo, tal como el nombre quiere sugerir, resulta de la convergencia de distintas tendencias más o menos alejadas del jazz. El pianista-pediatra, venezolano, le otorga al grupo el espíritu del latin-jazz; el batería-cirujano, con precisión de escalpelo, nos marca el tiempo. Lola, nuestra vocalista, es jefa de urgencias de un conocido hospital catalán y desahoga las pielonefritis agudas y los bronquíticos crónicos de cada día con unos alaridos en un tono muy bluesi y perfectamente adecuado a nuestro estilo. El único ajeno al mundo sanitario es el guitarrista, agente inmobiliario, quien además de proporcionar al grupo un puro sonido Gibson, hace las cuentas, y las hace muy bien, y organiza los bolos.

En sólo un par de años de andadura, mi contrabajo y su grupo ya han actuado en el Castillo de Montjuic en Barcelona, en Arenys de Mar y en Sabadell. También en la cuna del jazz catalán: la Jazz Cava de Terrassa, así como en el club de jazz Angel Blau en el vecino principado de Andorra. En todos estos sitios han cosechado elogiosos comentarios de los críticos.

Además de un ensayo semanal, una clase de contrabajo y una clase de combo en una escuela de jazz, los martes por la noche a menudo asisto a una jam session, concierto improvisado en el que la gracia temeraria del desafío es subir al escenario sin saber qué es lo que vas a tocar, ni quién te acompañará en ello. Tocar en una Jam es un esfuerzo diaforético sólo comparable al segundo ejercicio de las oposiciones de profesor titular. De un modo deliberado te expones al azar de tocar con músicos que no conoces y con temas que no has practicado desde hace tiempo. La adrenalina sube, con un nivel de concentración tal, que el resultado a menudo es tremendamente gratificante.

Gracias a estas sesiones he conocido a otros músicos que me han invitado a tocar como freelance en distintos conciertos de jazz, lo que realizo con enorme placer. No dudo en anular mi consulta los días en el que el bolo queda un poco lejos de casa, y cambio alopecias, acnés y urticarias por acordes semidisminuidos y quintas aumentadas.

Por último, y en contraposición a mis dos hermanos músicos de profesión, creo que, por ser sólo músico amateur puedo disfrutar sin reservas, de un modo entero y libre, de esta pasión (fig. 2). Esta es mi dedicación al Dermajazz.

Figura 2. El autor abrazado a su instrumento en un directo en el 2006.

Una nube de nostalgia

Leyendo una de las últimas obras de Isabel Allende, titulada Mi país inventado, uno se da cuenta de que la vida está envuelta en una gran nube de nostalgia. Los recuerdos, sea cual sea la edad, forman un equipaje que necesitamos compartir para poder avanzar.

Ramón Grimalt es un hombre joven, en la plenitud de la vida. Incluso si me permiten diré que es muy atractivo. ¿Debería pensar por tanto sólo en el futuro? No lo creo. Cuando la sensibilidad del espíritu es tan amplia como en su caso --para la música, para la literatura, para la fotografía... para el sentimiento, para la emoción-- hay sitio de sobra y a la vez, para el pasado, el presente y el futuro.

Cada vez que el contrabajo y él se encuentran aparecen mutantes imposibles, fruto de una pasión para muchos incomprensible. El Dr. Grimalt siente esa pasión con el jazz y la recrea cada vez que da una conferencia o una clase. El público forma parte de la historia, como el lector de la novela.

Por eso, en estas sorprendentes «Memorias de mi música y yo», que así podríamos retitular a su escrito, el dermatólogo se ha visto inmerso en la nostalgia del recuerdo de su infancia y adolescencia, y en la nostalgia del presente, tan efímero, siempre ligado a la imprescindible música y sus variaciones. Su abrazo al instrumento es una hermosa metáfora del abrazo permanente con que conquista la vida.

Es como si dijese, a la par que Neruda:

¿Cómo puedo vivir tan lejos

de lo que amé, de lo que amo?

¿De las estaciones envueltas

por vapor y humo frío?

Y yo te entiendo muy bien, Ramón

No estás solo.

Aurora Guerra


Correspondencia:

Ramón Grimalt Santacana.

Servicio de Dermatología.

Hospital Clínic.

Villarroel, 170.

08036 Barcelona.

grimalt@ub.edu

Idiomas
Actas Dermo-Sifiliográficas

Suscríbase a la newsletter

Opciones de artículo
Herramientas
es

¿Es usted profesional sanitario apto para prescribir o dispensar medicamentos?